Las naciones con algunos de los niveles más elevados de salud, riqueza y educación muestran un mayor grado de ansiedad que hace diez años, revela un nuevo informe publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Los datos recogidos por el análisis señalan que por segundo año consecutivo existe un descenso significativo en la esperanza de vida a nivel mundial debido al COVID-19, y empeoramiento de todos los parámetros de medición del desarrollo humano.
El administrador del Programa de la ONU, Achim Steiner, destacó que la mayoría de las personas tienen una sensación de preocupación por el futuro, una impresión que se ha visto agravada con la aparición del COVID-19.
“En nuestro afán desenfrenado por el crecimiento económico seguimos destruyendo nuestro entorno natural mientras aumentan las desigualdades, tanto dentro de los países como entre ellos”, destacó.
Por lo que Achim expresa que ha llegado el momento de actuar de inmediato y “prestar atención a las señales que emiten las sociedades que sufren un estrés inmenso y redefinir el verdadero significado de progreso”.
La ansiedad se vería reflejada por una serie de amenazas que han ido adquiriendo mayor prominencia en los últimos años, como las relacionadas con las tecnologías digitales, las desigualdades, los conflictos, y la capacidad de los sistemas de salud para enfrentar los nuevos retos, como la pandemia de COVID-19.
Los autores del estudio expresan que, ante estas amenazas, los responsables políticos las aborden conjuntamente considerando los principios de protección, empoderamiento, y solidaridad de manera que se creen sinergias, y no contradicciones, entre la seguridad de las personas, la salud del planeta, y el desarrollo humano.

